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"Yo fui El Pera" - El libro

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Nacido en el seno de una familia manchega que tuvo que emigrar a Madrid para poder trabajar, Juan Carlos Delgado nunca se encontró a gusto en ese ambiente económica y culturalmente humilde. Las malas compañías y un carácter inquieto y rebelde le llevaron a convertirse, desde una edad inusualmente temprana, en un pequeño «delincuente». Precisamente una de sus primeras fechorías, el robo de un abrigo de marca a un niño «pijo», le valió el sobrenombre con el que todos le conocerían: «el Pera».

Autor:

Juan Carlos Delgado y Antonio D. Olano

Editorial:

Rústica. Temas de Hoy 2002.

Este es el protagonista del libro que publica Temas de Hoy. Yo fui «el Pera» cuenta, en primera persona y con la ayuda del escritor Antonio D. Olano, la historia de un niño que, con tan sólo ocho años, era el conductor en los atracos, el encargado de aguardar a sus compinches, con el motor del coche en marcha, para huir de la escena del robo y darle esquinazo a la policía.

A los once años «el Pera» había sido detenido 150 veces. Su vida era un «descenso sin freno por la vertiginosa pendiente de la delincuencia», cuando ingresó en la Ciudad Escuela Muchachos (CEMU), fundada y dirigida por Alberto Muñiz. Era el año 1980 y llegaba al centro tras haber robado un maletín con dos millones de pesetas que utilizó para comprarse una enorme moto.

Allí se produjo el «milagro». Aquel niño, etiquetado como «caso irrecuperable», comenzó a reintegrarse en la sociedad, no sin algunos sobresaltos (accidentes, cogidas de toros...), volvió al colegio y pudo acceder legalmente a una de sus mayores aficiones: el automovilismo. A finales de los años 80 era ya piloto oficial de equipos profesionales y empezó a ganar sus primeros títulos.

Precisamente en una de esas carreras conoció a Santiago López Valdivielso, director general de la Guardia Civil, quien le propuso dar clases de conducción evasiva a sus agentes, dada su experiencia como conductor.

Desde entonces, compagina su actividad como piloto con su labor como educador en la CEMU, el centro que tanto le sirvió para la metamorfosis que se narra en Yo fui «el Pera». De amo de la calle a rey en los circuitos, un esperanzador ejemplo para cuantos quieran variar el rumbo del destino.

Los Autores

Juan Carlos Delgado (Madrid, 1969) compagina su profesión de piloto, probador de coches y crítico automovilístico con su labor como educador en la Ciudad Escuela Muchachos (CEMU). Ha sido campeón de España de la Copa Renault. También da clases de conducción evasiva a la Guardia Civil.

Antonio D. Olano es escritor y periodista. En su abundante obra destacan los títulos: Carta abierta a un muchacho «diferente», Dalí. Las extrañas amistades del genio, Guía secreta de Madrid, Guía secreta de la Costa del Sol, Las mujeres de Picasso, Picasso íntimo, Resplandor sobre el césped. La España del Buitre, y Olga Ramos. El último cuplé.

Presentación libro

Nuestro protagonista estuvo respaldado por el coautor del libro Antonio D. Olano y por los periodistas Mercedes Milá y Jesús Álvarez, además de Santiago López Valdivielso, director general de la Guardia Civil, Tío Alberto, el corredor Luis Pérez Sala, el Defensor del Menor, Pedro Núñez Morgades, y multitud de personajes de la política, el toreo, el deporte y cualquier ámbito por el que se ha movido.

En un distendido y familiar coloquio-presentación, el director general, quien ha escrito un epílogo del libro, comentó que se conocieron en Jerez, en octubre del 97, y a partir de ahí comenzó una amistad que ha hecho realidad su sueño de correr en carreras. De hecho explicó que Juan Carlos ha sido el catalizador para que esto suceda, aunque considera que cuando lo conoció ya no era "el Pera". Por ello, Juan Carlos es para él "una muestra de que el origen, los primeros años, los errores en un momento dado, no son determinantes; de que se puede andar contracorriente y que, habiendo tantos ejemplos de quien se tuerce, también los hay de quien ha sido capaz de enderezarse".

Santiago Lopez Valdivielso ex director general de la Guardia Civil

Prólogo

Yo no conocí a «El Pera». A quien conozco y de quien soy amigo es de Juan Carlos Delgado. Fue en octubre del 97, se corría el Gran Premio de España de Fórmula I en Jerez.

El autobús de Renault en el que íbamos estaba paralizado en el fenomenal atasco que siempre se forma en los accesos al circuito, en todos los circuitos del mundo, en día como ese.

Un amigo común me dijo, te presento a Juan Carlos que tiene mucho interés en saludarte. El autobús empezó a rodar y ahí se quedó la presentación, llegamos al circuito y Villeneuve con un Williams Renault se proclamó campeón del mundo, yo encantado, Juan Carlos menos pues él es toda la vida «ferrarista» y le hubiese gustado que ganase Schumacher.

Para volver a Madrid tuvimos que esperar más de cinco horas en el aeropuerto a que saliese nuestro avión, allí nos volvimos a ver y me contó su vida, o mejor dicho la vida de «El Pera».

Es curioso, él que es todo nervio, excesivo nervio diría yo, puro movimiento que le hace no saber estar parado, ni callado un segundo, rápido, inquieto, mira por donde nos conocimientos en dos «atascos», atascados en un autobús y atascados en un aeropuerto.

Como esto es el epílogo ya se habrán dado cuenta por que tenía interés en saludarme, le hacía gracia, habiendo corrido tanto delante de los guardias, conocer a un Director General de la Guardia Civil que es lo que era entonces y sigo siendo cuando escribo esto.

Yo pensé que quien mejor par dar clase de conducción evasiva a los guardias civiles que él que tantas veces se había evadido de ellos… y ahí empezó nuestra relación.

Entonces sólo compartíamos nuestra afición por los coches, pero me hizo probar un coche de carreras y desde entonces es mi profesor, mi consejero en eso de las carreras en circuitos y es además mi amigo.

Juan Carlos es el ejemplo vivo de que «el que quiere puede», claro que tuvo la suerte de toparse con el Tío Alberto, pero el mérito, y sé que esto lo comparte Alberto, es todo suyo.

Juan Carlos ya no es «el Pera» y no sé si se dirá en el libro porque como es lógico cuando escribo esto aún no se ha publicado, pero sigue siendo el tipo más rebelde e indisciplinado que conozco, con cierta tendencia a lo prohibido: «¿que aquí hay que ir a 120?, pues yo a 180, ¿que por aquí no se puede pasar?… si hombre como que vamos a dar toda la vuelta!!!, ¿que aquí hace falta el «pase azul»?, yo nunca llevo pases…

No admite consejos de cualquiera, y menos órdenes, en eso es muy selectivo; mías si, lo tengo que reconocer: «Pera calla un poco que me estás mareando…»,«Juan Carlos no hagas tal cosa o haz esta otra…». No le hace ninguna gracia, pero me mira, con esa mirada especial que parece de sumisión pero que no lo es en absoluto y me hace caso, pero insisto en que no le hace ninguna gracia, a mí me lo acepta porque somos amigos pero no le gusta un pelo.

Cuento esto porque yo creo que Juan Carlos tiene y tendrá siempre algo de «el Pera», por lo que su mérito es aún mayor ya que ser lo que quiere ser, un ciudadano normal que vive en una sociedad con normas que hay que respetar, a él le exige mantener una voluntad permanente en comportarse de una determinada manera, por que su natural es esa rebeldía tirando a anárquica.

Por eso no sólo le aprecio sino que le admiro, yo fui educado en el trabajo y en la responsabilidad, esa es la razón por la que tengo especial debilidad por quienes han conseguido lo que son y lo que tiene a base de esfuerzo y de tesón.

A mi juicio la mejor parábola es la de los «talentos», que intento aplicarme a mí mismo y que me hace tener especial simpatía por quienes la practican, como Juan Carlos, aunque él no lo sepa.

No voy a decir que su vida y su trayectoria sean ejemplares, entre otras razones porque él va a leer esto, pero que duda cabe que es una historia para conocer y para poner como ejemplo.

Cuántos con más oportunidades, con más medios, con otros «genes» más pacíficos y ortodoxos no han conseguido nada en su vida y no me refiero a éxitos personales o profesionales, me refiero a educar su espíritu, doblegar sus instintos, adaptarse al mundo y a las sociedad, aprender a respetar a los demás y sobre todo a respetarse a si mismos.

Vivimos en unos tiempos en los que algunos valores, el mérito, el esfuerzo, el afán de superación, o están en desuso o como mínimo no tienen la importancia que deberían de tener, quizás por eso llama más la atención cuando se observan o se perciben en alguien que además, como quizás le pase a él, no es intelectualmente consciente del ejercicio de esos valores.

Juan Carlos es una muestra de que el origen, los primeros años, los errores en un momento dado no son determinantes, de que se puede nadar contracorriente y que habiendo tantos ejemplos de quien «se tuerce», también los hay de quien ha sido capaz de «enderezarse».

Quizás por eso Juan Carlos tenga tantos y tan buenos amigos.

Santiago López Valdivielso

 

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